
INICIO / ARTÍCULO PRINCIPAL
Son pocas las instituciones de educación superior que se preocupan por saber si quienes acuden a sus aulas, virtuales o presenciales, se sienten satisfechos con el programa académico o el curso al que decidieron inscribirse. Los motivos por los que alguien elige estudiar en la virtualidad son bastante diversos y obedecen no sólo a las expectativas laborales —razón que aparenta ser una de las más relevantes—, sino también a la flexibilidad para conectarse y aprender a un “ritmo propio”, la disponibilidad de tiempo con que se cuenta para revisar los contenidos y cumplir con proyectos, trabajos o tareas, o la metodología empleada por los docentes, entre otros aspectos que ponen en evidencia que la satisfacción estudiantil depende cada vez más del nivel de personalización del aprendizaje que ofrezca cada institución.
En un momento en que la experiencia de usuario se instala como requisito ineludible en el diseño y producción de software, en la navegación por páginas web y el uso de aplicaciones y plataformas, se hace necesario analizar cómo la modalidad virtual, en aras de alcanzar mejores estándares de calidad, debe incorporar los principios que rigen dicha experiencia, adaptándose a las exigencias, condiciones particulares y necesidades de quienes son el centro del proceso educativo: los estudiantes. Conscientes de ese desafío, en la DINTEV conversamos sobre el tema con Óscar Martín Rodríguez, PhD en Documentación y quien se desempeña como E-learning Technical Consultant del Centro de Producción de Recursos para la Universidad Digital (CEPRUD) de la Universidad de Granada (España).
|
Martín Rodríguez ha trabajado por cerca de tres décadas en el campo de la Educación virtual y a distancia, asumiendo un amplio abanico de roles en proyectos que van desde la gestión bibliotecaria, la formación de docentes universitarios y la producción de recursos educativos, hasta la investigación en programas de gran envergadura, como Victorious, un análisis de la viabilidad de la Movilidad virtual estudiantil en el espacio europeo, adelantado por Coimbra Group, organización que reúne a instituciones como la Universitat de Barcelona, L`Université catholique de Louvain o la Universita di Bologna. Asimismo, nuestro interlocutor funge como articulador entre el CEPRUD y distintas universidades alrededor del mundo, con el objetivo de construir redes de trabajo colaborativo en torno a la innovación en la educación virtual. Tal tarea coincidió con la búsqueda de la dirección de la DINTEV por entablar diálogos interinstitucionales que fortalezcan la misión de la dependencia, y en esa coincidencia se desarrolló una agenda de acercamiento por la que Martín Rodríguez visitó la Universidad del Valle entre el 10 y el 14 de marzo de 2025, y en la que se desarrolló esta entrevista.
DINTEV (D): ¿Cómo se relacionan la calidad de la enseñanza y la satisfacción estudiantil en la educación virtual?
Óscar Martín Rodríguez (OMR): Hablamos de dos conceptos distintos, aunque interrelacionados. La calidad se refiere a la excelencia objetiva del proceso educativo, mientras que la satisfacción es una percepción subjetiva del estudiante sobre su experiencia. Para acercar ambos aspectos y traducir la satisfacción en indicadores de calidad, que es uno de los principales objetivos de instituciones como las nuestras, se deben analizar aspectos tales como el enfoque —determinar si está centrado en el estudiante o no—, el nivel de formación y la experticia del profesorado, la disponibilidad de infraestructura y recursos, la existencia de canales de comunicación eficaces, etcétera, así como otros indicadores un poco más objetivos como los resultados de las evaluaciones, la tasa de retención o, muy importante, la tasa de empleabilidad de los estudiantes que terminan sus estudios.
D: Ahondemos en la empleabilidad. ¿Qué papel juega en la medición de la calidad y la satisfacción; podría usarse para hacer reformas curriculares, por ejemplo?
OMR: La empleabilidad es un valor objetivo que se analiza a posteriori, una vez los estudiantes han finalizado sus estudios. Evaluar la tasa de empleabilidad de los egresados permite valorar si los objetivos formativos se cumplen, lo que repercute directamente en la satisfacción del alumnado. Esto puede guiar reformas curriculares, claro, porque si en cuanto acaba un curso virtual, un alumno obtiene un empleo, la satisfacción tiende a ser absoluta ¿no? Al fin y al cabo está cumpliendo las metas que buscaba con una formación de este tipo.
D: ¿Cuáles son los parámetros de calidad que, desde tu experiencia en investigación, las universidades dejan por fuera en la construcción de sus programas virtuales y que para los estudiantes son importantes?
OMR: Bien, esa es una cuestión difícil de responder, pero es cierto que hay criterios que no se suelen evaluar. Ocurre con la flexibilidad y la autonomía, cosas que los alumnos valoran muchísimo, o el tener un apoyo personalizado… Y luego están, desde un punto de vista de la accesibilidad, las posibilidades que se ofrecen para aquellas personas que tienen algún tipo de discapacidad. Son indicadores que suelen dejarse un poco de lado y que la única manera de recogerlos es haciendo una encuesta de satisfacción. En el caso de la flexibilidad, hablamos de una percepción totalmente subjetiva en la que los alumnos ven si realmente se les ha dado lo suficiente para que ellos puedan seguir uno u otro itinerario en su aprendizaje, si se les han ofrecido varios, y si han tenido la autonomía y la capacidad para seguirlos.
D: Es decir, crear rutas de aprendizaje y evaluar si esas rutas son especialmente efectivas y se adecúan a las características del estudiantado. En tu investigación doctoral, por ejemplo, dedicas un apartado a analizar las diferencias entre hombres y mujeres en torno a la satisfacción con la modalidad virtual, una relación que pocas veces se atiende porque se trabaja con la idea de un alumnado genérico. Cuéntanos sobre esto.
OMR: La idea de poner atención a ese aspecto diferencial surge al notar que había poca literatura al respecto y nos pareció interesante abordar una parte del trabajo desde esta perspectiva. Los resultados arrojan que las mujeres tienen un mayor grado de satisfacción desde un punto de vista de valoración global y que le dan más importancia a la planificación y la participación en los cursos. Las mujeres valoran más positivamente la enseñanza virtual que los hombres y por eso demandan también una mayor implicación de parte del profesorado, más acciones presenciales, una mejor planificación y metodología docente. Para que universidades públicas como las nuestras respondan de mejor manera a estos requerimientos se recomienda introducir itinerarios de aprendizaje y evaluaciones variadas y adaptables.
D: Si la Universidad del Valle decidiera adelantar una encuesta de satisfacción entre los egresados de la modalidad virtual ¿cuáles son los parámetros mínimos que debería incluir en su instrumento de medición?
OMR: Son muchos. Porque hay que tener en cuenta que para hacer un cómputo global, hay que hacer un análisis específico y exhaustivo. Pero digamos que es necesario revisar los itinerarios que se ofrecen, la calidad del profesorado, ver, como hemos dicho ya, la autonomía, el entorno en el que se desarrolla la educación virtual, si es un entorno adecuado y fácil de usar… Podríamos hablar de infinidad de ellos.
D: Con eso en mente y el hecho de que tanto la Universidad de Granada como la Universidad del Valle tienen un carácter público, ¿qué aspectos alrededor de la satisfacción de los estudiantes exigen un mayor esfuerzo por parte de nuestras instituciones para garantizar el derecho a la educación?
OMR: Como bien se ha dicho, nuestras dos instituciones son universidades públicas, entonces la exigencia está en brindar una educación de calidad y uno de los desafíos más importantes es el de tener una buena formación del profesorado. Pero, hay algunas dificultades que enfrentar respecto al interés del profesorado en los planes de formación. Un ejemplo: las diferencias significativas de edad entre los docentes; los que tienen una mayor edad son más reticentes a tomar clases como las que ofrecen nuestros centros. Esto es algo que se debería mejorar de alguna manera, utilizando algún tipo de incentivo. En la Universidad de Granada nos ha sido difícil captar la atención de un grupo de profesores que, desde el punto de vista laboral, lo han alcanzado todo y para los que sus preocupaciones son los grandes proyectos de investigación. Lo que ocurre es que si el profesor realmente no tiene la inquietud, la necesidad o la iniciativa propia de realizar planes de formación acordes a las tecnologías de la comunicación, es muy difícil que lo puedas incentivar económicamente o a través de certificaciones porque ya no las necesita. Es algo complicado.
|
D: Cuéntanos un poco cómo funciona la oferta de formación docente de la Universidad de Granada para quienes deciden capacitarse.
OMR: Los planes de formación propios, específicos del CEPRUD, conforman un catálogo que atiende al DigCompEdu, que es una iniciativa europea que aborda distintas áreas del conocimiento tecnológico. Lo que hacemos es que vamos programando distintos cursos de ese catálogo, que agrupa unos 30 o 40, y los profesores pueden tomar partidas de manera autónoma en una serie de convocatorias anuales, creo que son dos. El grueso de profesores que capacitamos está compuesto por aquellos que recién ingresan o están los primeros años de carrera porque les interesa mucho la certificación de cara a las acreditaciones entregadas por la agencia evaluadora que tenemos en España y en Europa. Y bueno, vemos efectivamente que vuestra universidad, vuestro plan de formación es también bastante competitivo e interesante.
D: A propósito de DigCompEdu:, ese marco es una muestra de cómo los estados miembros de la Unión Europea han establecido ciertos criterios y guías en el intento por estructurar un modelo de calidad en red que es acogido por distintas instituciones académicas, y ahora mismo nuestras universidades inician un acercamiento. ¿Cómo impulsar estos esfuerzos para organizar redes más amplias que impacten positivamente en la calidad de la educación virtual a nivel intercontinental?
OMR: Bueno, lo primero es que es fantástico saber que con Univalle hemos identificado puntos de encuentro significativos en nuestra visión de la educación virtual. Algunos de los más relevantes, que pueden constituir una base para ampliar nuestro intercambio, podrían ser: en primer lugar, el mantener un compromiso con la calidad educativa. En segundo lugar, habría que concentrarse en la inclusión y la accesibilidad para garantizar que todos los estudiantes, independientemente de sus contextos socioeconómicos o habilidades, tengan acceso a una educación de calidad. En tercer lugar, hay que dar continuidad a nuestros planes de formación y apoyo docente; con el plan de capacitación y los recursos disponibles es posible ayudar a los profesores a adaptarse a los cambios y mejorar las prácticas educativas. Y quizás, por último, es necesario establecer compromisos alrededor de la ética y la responsabilidad del uso de la tecnología, así como alrededor de la protección de la privacidad y la integridad académica. Esto incluye políticas claras sobre el uso de la inteligencia artificial y otro tipo de herramientas. Todos estos puntos de encuentro no solo reflejan un conjunto de fortalezas compartidas, sino que nos proporcionan una base sólida para ampliar nuestro trabajo interinstitucional.
D: Aprovechando la mención a la IA. ¿Cuáles son las líneas de investigación más urgentes o relevantes respecto a su integración en educación, con un enfoque puesto en la satisfacción del alumnado y la calidad de los programas virtuales?
OMR: Desde el punto de vista de satisfacción del alumnado, la IA puede permitirnos la personalización del aprendizaje, y en cuanto a la mejora de la calidad, tenemos el análisis de datos y la gestión del Big Data. Están, además, los desafíos que plantea el uso de la IA, que son muchos y deben ser abordados con cuidado y responsabilidad, estableciendo guías de recomendación ética sobre su uso y utilizando herramientas específicas. En el caso del plagio, por ejemplo, herramientas que sean capaces de detectar contenidos generados por ese tipo de sistemas. Ahora mismo le puedes preguntar a la IA: ¿Oye, esto está generado por IA? Y te va a responder, pero no te va a poder dar una certeza absoluta. Yo entiendo que en el caso de empresas como Turnitin, que han desarrollado software antiplagio, sus líneas prioritarias de actuación e investigación deben ir por ahí y entregar soluciones para que cuando un alumno envíe algún tipo de trabajo, algún tipo de obra, pues se pueda detectar si se ha generado por la IA o no. Ojo, aquí habría que aclarar que la IA no es mala como herramienta para el alumno, es una herramienta que este debe utilizar, pero no para generar documentación hecha al 100% por la IA, sino como soporte y como ayuda.
D: Y es necesario también adaptar las formas de evaluar, que los docentes planeen actividades en las que tal vez no se exijan aquellos productos que se pueden elaborar con inteligencia artificial, lo que nos lleva a reiterar que a la virtualidad no se pueden trasladar mecánicamente las formas de evaluación de la educación presencial. ¿Qué recomendaciones hay para los docentes a la hora de modificar sus actividades de evaluación y adaptarlas a la educación virtual?
OMR: Los entornos de aprendizaje online agilizan las técnicas de evaluación, ya que permiten una interacción casi instantánea. En la enseñanza presencial tradicional primero se realiza el examen y después el profesor corrige los exámenes uno a uno y sube las calificaciones. La cantidad de tiempo que dedica a ello es muy superior a la de los exámenes online. Esto, desde el punto de vista del grado de satisfacción, cuando se le pregunta al alumnado en una encuesta, arroja valores que se puntúan negativamente, ya que el profesor tarda mucho en dar las calificaciones. Lo bueno que tenemos con la educación virtual es esa inmediatez, el que tú pongas un examen online y le entregues al alumno una nota e incluso una retroalimentación casi instantánea. Es más, podrías contar con algún tipo de herramienta, no sé, llamémosle híbrida, como los cuestionarios offline. Esos cuestionarios mezclan dos cosas: la aplicación en un aula presencial y la evaluación online; es decir, se suben a la plataforma y se califican allí, dando un feedback súper rápido en a lo mejor una hora, dos o tres horas, depende de lo que quiera el profesor.
D: En la retroalimentación juegan un papel crucial las herramientas y las habilidades de comunicación, esas de las que Patricia Carlton, según recoges en tu investigación, afirma que son especialmente fuertes entre los estudiantes de la modalidad virtual. Señala: se comunican mejor, analizan mejor la información… ¿Realmente es así?
OMR: Es lo que dice la literatura y es lo que encontramos. La investigación que yo hago, donde cito a Carlton, es del año 2013, y estudios recientes post pandemia avalan esta tesis. Un entorno virtual fomenta la capacidad de pensamiento crítico frente a lo que serían las enseñanzas tradicionales. La enseñanza virtual requiere que los estudiantes busquen, evalúen y analicen mejor la información, y el tipo de comunicación que se da en este tipo de entornos, como en los foros, los chats, los correos electrónicos, hace que sea más activa y participativa que lo que encontramos en la enseñanza presencial.
D: Para finalizar: ¿Qué es lo que encuentras más innovador de nuestro modelo, algo que en el CEPRUD quieran tomar como referencia?
OMR: Me gustó mucho la flexibilidad que tenéis a la hora de desarrollar plugins propios y específicos, acordes a vuestras necesidades. Cuando nosotros en la Universidad de Granada tenemos que desarrollar un plugin específico, es muy complejo, porque la universidad es mastodóntica, gigante, y sigue unos criterios y unos procesos a la hora de realizar determinadas cosas y establecer ciertas solicitudes, que son muy difíciles. Entonces me llamó mucho la atención el que si vosotros tenéis una necesidad específica, os ponéis con vuestro equipo de desarrollo y desarrolláis un plugin para solucionar el problema
D: ¿Y qué podríamos adaptar nosotros de su modelo o actividades?
OMR: Una de las cosas que considero muy importante a día de hoy es el tema de los recursos en abierto. En este caso, el tema de los MOOC. He visto que vosotros no tenéis ninguna iniciativa de este tipo y nosotros hemos venido con una propuesta de colaboración que podría llegar a buen fin si se establecen los acuerdos necesarios entre instituciones. Creo que es algo muy importante el ofrecer recursos en abierto gratuitos, o fijaos que, ya si nos centramos en lo que es la perspectiva de los MOOC, estaríamos hablando de que incluso podemos tener unos ingresos extras que a nadie nunca le vienen mal ¿verdad?