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Hasta hace un par de décadas, la Universidad del Valle formaba a algunos de sus estudiantes “a distancia”, una modalidad en la que fue pionera a nivel nacional y que se fue transformando conforme los dispositivos tecnológicos, especialmente aquellos del orden de los medios de comunicación, se modificaban; teléfonos, radios, videocaseteras o televisores eran los aparatos que, a fines del siglo pasado y principios del presente, además de entretenimiento y la promesa de la modernidad, llevaban conocimiento de la universidad a las casas de quienes por múltiples razones no podían asistir a un aula tradicional. Hoy, cuando nuestra relación con el saber está inevitablemente mediada por una gran variedad de dispositivos electrónicos augurados por aquellas viejas máquinas del futuro con las que imaginamos las rupturas pedagógicas que hemos puesto en marcha, la DINTEV propone avanzar hacia la consolidación de un modelo propio para la modalidad de Educación Virtual que le permita a la universidad continuar como espacio de vanguardia de la transformación educativa regional.
La posibilidad de asumir el liderazgo en educación superior en modalidad virtual emerge en distanciaun momento de oportunas coincidencias entre las que se encuentra, además de la construcción del Plan Estratégico de Desarrollo 2025-2035 y la ocurrencia de un nuevo giro tecnológico con el auge de los sistemas de información de Inteligencia Artificial, el interés de la dirección de la DINTEV por recoger y sistematizar la experiencia en investigación y formación pedagógico-tecnológica con que cuenta esta dependencia, así como relevar la importancia de la comunicación en el acto pedagógico y priorizar la cooperación con las distintas unidades académicas de la universidad, mismas en las que los docentes han hecho indagaciones exitosas con la tecnología, tal como se ha podido constatar en las varias versiones del Encuentro Virtualidad: Diálogos.
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¿Qué significa un “modelo propio”?
Desde la creación del primer programa de Enfermería a distancia en los años sesenta, pasando por la puesta en funcionamiento del Centro de Recursos para la Enseñanza -CREE, hasta llegar a la conformación de la DINTEV, la Universidad del Valle se ha preocupado por incorporar la tecnología en la formación de sus estudiantes y la actualización de sus docentes, sin dejar de lado la reflexión filosófica, pedagógica, antropológica y sociológica de esta incorporación, sus efectos, utilidad y desafíos. Esto ha permitido contar con una fructífera producción —en distintas épocas— de nuevos métodos de enseñanza y usos de los medios de comunicación, y una confluencia de ambos campos que ha decantado en lo que desde hace seis años es la virtualización de cursos y programas académicos de distintas disciplinas y áreas del conocimiento.
Pero perfilar un modelo propio requiere de algo más que la experiencia acumulada, pues es necesario avanzar en la apropiación generalizada de lo que define a una modalidad que, aún con las aceleradas transiciones pedagógicas y tecnológicas y la gran cantidad de información disponible al respecto (acaso por estas mismas razones), continúa siendo asimilada o percibida en equívoco contraste con la presencialidad o con formas que le son cercanas, como ocurre con la estrategia Presencialidad Asistida por Tecnologías (PAT), que fue útil en el desarrollo de los semestres académicos durante la pandemia del COVID-19.
Pensando en esta problemática, tras su llegada a la dirección de la DINTEV, la profesora Diana Giraldo Cadavid ha insistido en una sencilla pero precisa premisa: la Educación Virtual es una entre tantas formas que existen de aprender. “Hago énfasis en ésto, en que la modalidad virtual es una entre varias porque es necesario romper los prejuicios de si es mejor o peor que la modalidad presencial. Es una posibilidad más, una posibilidad que se abre frente a lo que ya tenemos, sin que esto signifique que es un salvavidas de la presencialidad o que, por el contrario, va a ponerle fin”, afirma la directora adhiriendo a posturas que se alejan de las visiones demasiado entusiastas o catastrofistas que rodean los debates sobre el uso de la tecnología en educación. Y es que la comprensión de esta idea es determinante si lo que se quiere es acercarse a la educación virtual desde su propia naturaleza y características, y procurarle un reconocimiento idóneo entre las opciones de aprendizaje con que cuenta la población.
Además de estar contemplada en la normatividad del sistema educativo colombiano y en las políticas curriculares y el proyecto formativo adoptados por la Universidad del Valle (como el Decreto 1330 de julio 25 del 2019 del Ministerio de Educación, el Acuerdo 025 del 25 de septiembre de 2015 del Consejo Superior de la Universidad del Valle o la Resolución No. 131 del 14 de julio de 2022 emitida por su Consejo Académico), la modalidad virtual se define por una forma y cualidades bastante específicas en la manera en que los seres humanos se relacionan con el conocimiento y lo producen, lo que genera un impacto en el relacionamiento con ellos mismos y con otros.
Para intentar dimensionar el fenómeno se puede pensar, por ejemplo, en los efectos cognitivos que tiene escribir a mano y los que tiene escribir en un computador, sin que en la reflexión interfieran juicios de valor sobre cada una de estas actividades y concentrando la atención en las posibilidades de procesamiento mental que se generan y en cómo esto transforma nuestro lenguaje y la forma en que nos comunicamos con los demás. Esto es así porque la virtualización, en palabras del filósofo Pierre Lévy (1999), “pasa de una solución dada a un (otro) problema”, al ser lo virtual “una forma de ser fecunda y potente que favorece los procesos de creación, abre horizontes y cava pozos llenos de sentido bajo 1a superficialidad de la presencia física inmediata”, y al constituirse como el elemento donde “se expresa una continuación de la hominización”.
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Resulta importante entonces preguntarnos cuál es ese aspecto específico que impulsamos en la modalidad virtual en la Universidad del Valle más allá de los horizontes generales. La respuesta a este interrogante, dice la profesora Giraldo Cadavid, es un diseño soportado en la autonomía del estudiante. Para la directora de la DINTEV es claro que “quien diseña cada experiencia de aprendizaje debe estar mucho más consciente de que está diseñando para que el estudiante pueda trabajar de manera independiente, porque ese estudiante va a estar en un tiempo y en un espacio en los que no siempre va a tener al orientador al lado. Lo ideal es proponer todos los recursos, los medios, los ambientes o experiencias para que haya un trabajo autónomo muy fuerte. ¿Y esto qué implica? Implica, primero, bastante claridad en los contenidos y en cómo se va llevando al estudiante a que explore o experimente lo que debe aprender, porque la mayoría de las veces no hay una retroalimentación inmediata; y segundo, se requiere un gran dominio disciplinar por parte de los docentes y de quienes diseñan las experiencias de aprendizaje, que permita traducir el conocimiento a otras formas de comunicación, más allá de como ocurre en el aula de clase o de manera sincrónica. Algo muy importante es cómo el estudiante autorregula y autodirige su aprendizaje”.
En efecto, la autonomía es un concepto que el equipo de la DINTEV que participa de los proyectos de formación docente y de virtualización de cursos y programas académicos, ha adoptado como parte fundamental del diseño de experiencias de aprendizaje. Entendida como una construcción social, explica la profesional de formación Enith Castaño, la autonomía “tiene que ver, en términos muy sencillos, con ponerse en el lugar del otro y aprender con los otros. Este concepto, que tomamos de Kant, también está relacionado con los de dignidad humana y libertad. En el área educativa lo trabajamos porque no nos hacemos autónomos sino en relación con los demás, porque yo no tengo la libertad de tomar ciertas decisiones si no lo hago en un contexto situado. Se trata de una relación dialógica”.
También desde este posicionamiento conceptual, en el proyecto de Educación Virtual de la DINTEV se prefiere hablar de diseño formativo en lugar de diseño instruccional (término que designa a los procesos con los que la mayoría de universidades construyen sus estrategias de e-learning), en una búsqueda por trascender a nivel institucional un modelo que si bien tiene sus ventajas, encuentra limitaciones al dirigir el aprendizaje por medio de instrucciones o el seguimiento de un “paso a paso”. Por otra parte, al poner en el centro la autonomía como una construcción social, el diseño formativo implica reconocer que los estudiantes necesitan ciertos niveles de interacción con docentes y pares que no pueden dejarse a un lado.
En este sentido, afirma Enith Castaño, la “modalidad virtual requiere de unas estrategias pedagógicas como las que ya tenemos en la DINTEV: la consejería estudiantil, el acompañamiento pedagógico, el diseño formativo que acoge procesos de comunicación, evaluación formativa, metodologías activas que desde hace un tiempo son el paradigma en educación, y la interacción. Esto es muy importante porque seguimos escuchando sobre modelos de educación virtual en los que se considera la autonomía como un asunto solamente de trabajo independiente, en los que el o la estudiante van y trabajan en soledad con buenos recursos, en una buena plataforma y no… Nosotros desde hace tiempo sabemos que si bien esto es importante, es necesario también todo un andamiaje para trabajar procesos de acompañamiento. O sea, no pensamos únicamente en poner los contenidos de determinada manera, sino en cómo trabajamos estrategias de tipo socio afectivo, procedimentales, en crear actividades de aprendizaje que impliquen situaciones que le permitan al estudiante hacer transferencia de conocimiento y aprender a aprender. Ese es el asunto vital”.
Por esta razón y desde una perspectiva de formación integral, la virtualización de cursos y programas académicos en la Universidad del Valle se halla en manos de un equipo multidisciplinar conformado por docentes, consejeros estudiantiles, asesores pedagógicos, diseñadores gráficos, comunicadores sociales e ingenieros. Además, al articularse a lo contemplado en el Acuerdo 025, la modalidad integra otro concepto primordial: la flexibilidad, es decir, la posibilidad de acoger diferentes opciones, acciones, metodologías y perspectivas en todas las esferas del proceso de formación, garantizando la pluralidad de pensamiento.
Para la profesora Diana Giraldo, esta flexibilidad puede encontrarse en las metodologías que otorgan la centralidad al estudiante y que se enfocan en los resultados de aprendizaje más que en una incorporación llana de contenidos, algo que de manera gradual y entre giros y aciertos, se ha aplicado en el proyecto de virtualización. Sin embargo, en su opinión, hace falta un desarrollo más amplio de las posibilidades que ofrece la flexibilidad y que abarcan a todo el sistema educativo nacional. “Las tendencias en educación a nivel superior se orientan a que el estudiante pueda tener rutas de aprendizaje más especializadas y diferenciadas. También hay una apertura hacia la obtención de credenciales y la complementación de la formación con microcursos”.
A lo que apuntan estas reflexiones es a la transformación digital. Una en la que si bien no es posible de inmediato modificar todo el sistema, sí permita introducir innovaciones a corto y mediano plazo a nivel institucional, como ocurre con la automatización de procesos administrativos o con la implementación de herramientas que garanticen la compatibilidad de todos los sistemas de información con que cuenta la universidad.
Ahora bien, en la modalidad virtual la necesidad de innovar está bastante diversificada por cuenta de la formación integral que se espera ofrecer y que, siguiendo la premisa de aprender a aprender y actuando sobre el soporte de los conceptos de autonomía y flexibilidad, delinea los aspectos en los que es necesario trabajar para hablar de la consolidación de un modelo propio de educación virtual de la Universidad del Valle: el desarrollo de software, un reconocimiento mucho más específico del estudiantado al que se dirige la modalidad, el compromiso con la accesibilidad, la exploración y producción de nuevas formas de representación de los contenidos y el saber disciplinar, y el uso adecuado de las herramientas e infraestructura ya disponibles en la universidad.
“Crear un programa virtual es un trabajo arduo, dispendioso, porque para hacerlo bien hay que seguir un conjunto amplio de normativas y de procesos. Y yo creo que hay mucho por explorar: los lenguajes, las formas de presentar la información, de diseñarse, de diagramarse, de cómo se va entregando al estudiante; aprovechar lo audiovisual, lo hipertextual, lo multimedial. Sabemos que en compañía de los docentes, debemos estar muy conscientes de esta situación, de cómo se producen las situaciones de aprendizaje y cómo comunicar para que el estudiante logre lo que tiene que lograr. La virtualidad es un trabajo conjunto de quien tiene el conocimiento y de los expertos en comunicación. También es necesario investigar y divulgar aquello que se produce al interior de la universidad. La modalidad virtual puede contribuir a esto, a conectarnos con otras instituciones y construir redes, como lo estamos haciendo al ser parte de la RedUnete, porque lo que se hace aquí es importante, pero no se muestra o no adquiere el potencial que podría tener si se conecta con otras personas e instituciones. Todo este trabajo, que tiene que ser articulado, es nuestra misión en la DINTEV”, puntualiza la directora.
En conclusión, la modalidad virtual en la Universidad del Valle cuenta hoy con una base conceptual, metodológica y experiencial que le permite a la institución reconocer y priorizar áreas de acción que allanen el camino hacia un modelo que pueda convertirse en referente de innovación.